Mundo de envolturas

Sin comentarios Vade Retro - 12/12/2017 - 7:23 PM

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Yala, nola. ¿Tienes repetidas? El lenguaje "albumesco" es conocido por todos. Con la euforia del Mundial, han vuelto los viejos recuerdos cuando íbamos al quiosco de la esquina y pedíamos sobres o "paquetones" de nuestro álbum Panini o Navarrete. El ritual era el mismo: abrir pacientemente los envoltorios (para no malograr las figuritas) y esperar la suerte. 

En los 80, la goma transparente era la única manera de pegar las preciadas figuras. No había otra forma. Ahora, las figuras ya tienen pegatinas o son stickers que se adhieren fácilmente a las hojas. Antes, la pericia y paciencia eran las mejores habilidades para no malograr un álbum.

Cuando era niño había álbumes de todo tipo. Los más populares eran los del Mundial de Fútbol (recuerdo el de México 86, con la figurita de Maradona entre las más buscadas), o los de las series y dibujos animados más populares, como Los Thundercats, V Invasión Extraterrestre (que salió en 1985), el álbum de Topo Gigio, el Álbum del Terror (con Freddy Krueger en la portada), el de ET el Extraterrestre y el más escandaloso de todos: el álbum de La Pandilla Basura. En mi colegio llegaron a prohibir el intercambio de estas figuritas por ser incorrectas y ajenas a la "moral" y las buenas costumbres. Pese a la prohibición, los niños buscábamos como locos las mejores figuritas. Siempre había forma de engañar a los maestros y los papás. 

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El álbum de ET. Salió el año 1982. 

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Álbum de V, la serie donde los invasores comían ratas vivas. No es broma. Mira la foto que sigue: 

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La figurita más buscada del álbum de México 86

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En todo este mundo de figuritas, cromos, coleccionables e intercambios clandestinos, hubo un álbum que rompió esquemas a mediados de los ochentas. A diferencia de los otros coleccionables, este no exigía comprar figuritas en el quiosco. Por el contrario, tus "figuritas" te llenaban la barriga y te daban felicidad. Solo tenías que comer galletas, caramelos, marshmallows, barras de chocolate y más. Su nombre: Álbum Field: las aventuras intergalácticas de Arturito.

Esta es la portada del álbum...

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Un álbum con temática espacial. Imagen: Marcos Chumpitaz

En realidad, el álbum era un libro coloreable, que contaba la historia de un planeta hecho de "crocantes galletas y caramelos multicolores". Este planeta tenía una nave espacial "construida de confeti" para enviar a los niños de la Tierra un preciado tesoro dulce. El encargado de llevar tal carga era el noble guardián del espacio, el Súper Galáctico Arturito (imaginamos que el nombre lo pusieron por Arturo Field, quien fundó la compañía allá por 1899).

Así era la parte trasera del coleccionable, con fotos de productos y un fondo cósmico... 

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Imagen: Marcos Chumpitaz

Y este era Arturito...

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Como toda historia infantil, está tenía un antagonista: el perverso y astuto "Pirata del espacio", que logra robar el tesoro dulce para llevarlo al Planeta Negro. La historia termina cuando Arturito rescata el tesoro gracias a los "superpoderes" que le dan los productos Field.

Aquí, el malvado Pirata del espacio...

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El álbum hasta tenía fallas ortográficas: Por Marte, lo "paralize" totalmente...

La gracia de este álbum, además de la coloreada que debíamos darle, era la opción de colocar como figuritas las envolturas de las golosinas más populares de la marca. Sin duda, fue una inteligente estrategia de marketing para atraer a los más pequeños y generar identidad con la empresa y sobretodo con los productos.

Quién no recuerda los chupetes Picolines o Frutís; o esas noches de cine comiendo un Butterfield o un Mostro; o las fiestas interminables llenando la panza con Marshmellows o Minimelos; la lonchera con Cua Cua o esas lejanas tardes viendo Los Magníficos o Días Felices al lado de las espectaculares galletas saladas Pipos o Crisp. Muchas de estas marcas ya han desaparecido, pero quedaron sus gratos recuerdos gracias a este álbum.

Así se veían las páginas antes de poner las envolturas (abajo). Solo se debía colocar los empaques de acuerdo a su nombre y figura. 

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Pero ahí no quedaba la cosa. Los niños que llenaban el álbum tenían la oportunidad de participar en un sorteo, junto al distribuidor de los productos Field y el bodeguero. Los premios de este gran sorteo eran televisores a color, Ataris, bicicletas, muñecas, minicomputadoras Sinclair, pelotas, calculadoras, radiograbadoras y electrodomésticos y claro está, muchos productos de la marca auspiciadora (ojo, Field fue comprada por Nabisco en 1993 y esta, años más tarde, por Kraft Food, por ello muchos de los productos cambiaron o desaparecieron).

Te reto a hacer un pequeño sondeo entre tus amigos mayores de 30 años. Apuesto a que la mayoría recordará este álbum con cariño. Si bien no era difícil de llenar, en muchas tiendas y bodegas no llegaban ciertos productos, por ello había que viajar por todo el barrio, a veces por todo el distrito, para conseguir ciertas envolturas. Los más difíciles de conservar eran los de los chupetines, ya que estaban pegados al caramelo y rescatarlos intactos, era una tarea más que titánica.

Mira este video para que conozcas a detalle cómo era el álbum Field y recuerdes esos sabores, texturas y colores de las golosinas de antaño. Y tú, ¿cuál de estos productos recuerdas más?  

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