Firmes, descanso, atención... ¡Viva el Perú!

Sin comentarios Vade Retro - 27/07/2017 - 4:38 PM
blog2w3e.jpgPublicidad de Philips por el Día de la Patria. Foto de Arkiv.

 

El Perú somos todos. El Perú en el corazón. El Perú es libre e independiente.

Creo que a cualquier peruano le resultaría difícil explicar lo que significa el patriotismo y su amor a la patria. Muchos dirían que la peruanidad podría sintetizarse en la cultura, en nuestra deliciosa gastronomía o en la insólita historia que le tocó a vivir a este país, llena de avatares, alegrías, dudas y a veces decepciones. Para otros, la peruanidad se encarnaría en los héroes nacionales, como Miguel Grau, Bolognesi, Olaya o en los superhombres de shorts cortos y chimpunes que nos dieron glorias allá por los años 70.

Para mí, el patriotismo se resume a algo: la escuela. Fue allí, en las aulas, donde aprendí inicialmente el concepto de "amor a la patria". En las banderas peruanas que colgaban en las astas, los días lunes, al cantar el Himno Nacional; en las escarapelas de tela que todos estábamos obligados a usar en los meses de julio; en el corte escolar, y los zapatos siempre brillosos, porque había que ser "buenos peruanos" y respetar al prójimo; en las densas lecciones de poemas y discursos que hablaban de la peruanidad y de nuestro derecho a ser libres. El paporretazo colegial: "El Perú es libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende...".

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La peruanidad estaba en nuestros cuadernos...

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En nuestros libros...

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En las láminas escolares...

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Y hasta en nuestras reglas...

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El Perú era eso. Disciplina, discurso, marcialidad. Recuerdo que a inicios de los noventas, cuando ya pasaba los 12 o 13 años, la peruanidad llegó con una cosa llamada "instrucción pre militar", una herencia del gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, cuyo fin era imponer orden y disciplina en los alumnos, hacernos la vida imposible, y prepararnos para el desfile escolar, que en esa época se realizaba todos los años en el Campo de Marte.

El desfile escolar era antiguamente uno de los eventos más importantes del año. Siempre se hacía en las previas del Desfile Militar y estaba anticipado de una competencia voraz entre los centros educativos. Todos querían ser los mejores. Marchar con gallardía, orden y disciplina. Subir más alto la pierna que cualquier otro en el "izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda...". La instrucción pre militar servía para eso. Dar el impulso final para poder marchar como lo harían los mismos militares. Llevar la bandera o el mástil con honor. Perfeccionar las alineaciones, la media vuelta y hacer el saludo correspondiente.

Lo único malo de la instrucción pre militar es que se hacía luego de las clases. Recuerdo que nos quedábamos una hora o quizás más ensayando las marchas que haríamos. Ese año, 1992, si no me equivoco, mi colegio San Antonio Marianistas ganó el concurso de desfile escolar en el Callao, lo que nos dio el pase directo para participar del Gran Desfile Escolar Nacional en el Campo de Marte, junto a las mejores escoltas de todo el país. Esa tarde nos sentimos campeones. Le habíamos ganado al General Prado, el colegio de mujeres del Callao, que siempre se llevaba el primer lugar en estos desfiles.

Las marchas se vivían minuto a minuto. Nadie desistía, nadie se acobardaba. A pesar de las largas horas de ensayo, nadie se cansaba ni se sentaba. Lo importante era marchar y hacerlo bien.

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La mañana del Desfile Escolar Nacional fue emocionante. Aún la recuerdo como si hubiera ocurrido ayer. Llegamos a las 6 a.m. Éramos una delegación de al menos 30 alumnos, junto con la escolta principal.  Fueron largas horas de espera y de frío, ya que íbamos a marchar solo con la camisa de colegio (que en esa época era la del clásico uniforme plomo). Me moría de hambre. Pero también estaba emocionado. Marchar en el Campo de Marte no era cualquier cosa. Solo iban los mejores. Además, estaba representando a mi colegio y eso, al menos para mí, ya era importante.

La escarapela al pecho (ver foto abajo). Los zapatos bien lustrados. El pelo corto y ordenado. La mente fija y los oídos agudos, dirigiéndose al sonido del bombo de la banda. Las notas de la espectacular Marcha de Banderas. Pum, pummm, pum, pummm... Pummmm.  Izquierda, izquierda, izquierda, derecha, izquierda. El grito del público y la voz de mando: "¡Marchen!".

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Antes solo se usaban las escarapelas de tela. Ahora solo las de metal.

Fue sensacional. Quizás las personas que estuvieron ahí conmigo, marchando a mi lado, no lo recuerden mucho. Quizás no haya sido importante para ellos. Para mí si lo fue. Si algo tengo que decir de la peruanidad, es que se lleva en el corazón, en esos recuerdos. En mi infancia, entonando el himno. Con mi banderita de papel de seda, flameando en la alineación de los lunes.

Sí, es cierto. El Perú es cultura, es gastronomía, es historia. Pero también lo somos todos nosotros. Cada vivencia. Cada paso que damos. Estuvo en esa marcha en el Campo de Marte. En los nervios de cada uno de mis compañeros, luchando por no equivocarse en el paso. Está en el himno. En la escarapela. Está en todo. Por eso debemos valorar cada instante y siempre dar las gracias por haber nacido en esta hermosa patria.

Por eso y mucho más, ¡Viva el Perú! Hoy y siempre.

deflikl3e4r.jpgEsta es la famosa Marcha de Banderas, con la que ensayábamos o desfilábamos de niños...

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