¡Mami, la luz! 8 cosas que los niños en los 80 hacían y que hoy serían impensables

Sin comentarios Vade Retro - 24/03/2017 - 4:51 PM

24031.JPGBaño bien iluminado... con velas. 

La semana pasada, la portada de un diario local resumió muy bien el sentimiento de muchos peruanos ante los recientes fenómenos naturales: "DESASTRE".

El Perú está en crisis por estos días. La naturaleza se ha ensañado con furia sobre muchas localidades y distritos en el país, generando una sensación de inseguridad y permanente caos. Colas por el agua, desabastecimiento de alimentos, limones a S/.40 el kilo, "bolas" por los saqueos, lugares en emergencia... A muchos de los que ya pintamos canas, nos hizo recordar los días aciagos que vivió el Perú en los ochentas, cuando nos tocó ser niños y adolescentes. 

En esas épocas, las crisis eran carta corriente, tanto que muchos de nosotros nos acostumbramos a vivir en esa suerte de apocalipsis que representaba el terrorismo, los paquetazos, los apagones, la falta de alimentos, las largas colas y la inseguridad permanente.  

Recuerdo muy bien un día insólito: el 22 de noviembre de 1988. Aquella mañana los limeños se dieron cuenta de que el agua de los caños y las duchas tenía un aspecto turbio y un olor totalmente fétido. Al parecer, por un "error técnico", La Atarjea había sido contaminada por lodos pestilentes, llenos de heces. En efecto, la gente que se bañaba o tomaba el agua aquella mañana, estaba bebiendo agua infectada con residuos fecales (sí, "caca"), pese a que Sedapal lo negaba una y otra vez (este capítulo de nuestra historia ha sido ilustrado muy bien en el libro "Sacaojos: crisis social y fantasmas coloniales" de Carlos Iván Degregori) .

Pero ahí no acababa la cosa. Aquella madrugada, Sendero Luminoso derrumbaba 32 torres de alta tensión, produciendo un apagón gigantesco. Y al día siguiente, el anuncio de un nuevo paquetazo (alza de precios) hizo colapsar los mercados, al punto que muchos mayoristas rechazaban vender sus productos. El resultado: largas colas, miedo, rabia y una sensación de orfandad permanente. Así se vivía en esos tiempos. 24032.jpgColas y más colas... caricatura de Heduardo en Caretas 1989. 

Por ello, la reciente crisis de huaicos y lluvias no tomó por sorpresa a mucha gente mayor como yo. En estos días, muchos amigos de mi generación postearon en Facebook algunas de sus "hazañas" de supervivencia en los ochentas, como bañarse y vivir toda una semana con un balde de agua, comer todo un mes con una sola bolsa de arroz, o acostumbrarse a comer atún porque no había carne o pollo.

"Gracias a Dios, mi generación está preparada para este tipo de coyuntura", "Gracias Alan por la hiperinflación, ya nada nos puede afectar...", fueron algunos de los post que leí en redes.

Todo este sentimiento de infeliz "nostalgia" fue muy bien captada hace unos días por Andrés Edery, caricaturista de El Comercio:

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En medio de este caos por los desastres naturales, se me vinieron a la mente muchas de las cosas que los niños de mi generación teníamos que hacer en momentos de crisis, apagones, terrorismo y más. Cosas que nos permitieron sobrevivir o al menos estar preparados para un desastre inminente, que era lo que se esperaba en cualquier momento. 

Aquí una lista de 10 cosas que ahora sería impensable que los niños de hoy hicieran. ¿Recuerdas algunas?

1. Comprar velas para los apagones:

No hay una estadística oficial de cuántos apagones sufrimos los peruanos en los ochentas. Sin embargo, recuerdo muy bien que al mes teníamos por los menos dos o tres cortes abruptos, casi siempre de noche (por eso el nombre "apagón"). La causa era casi siempre la misma: Sendero Luminoso y su insania terrorista. Cada tanto, SL derribaba torres de alta tensión en la sierra central para dejar sin luz a las ciudades, una manera de decir que estaban "ganando" su absurda guerra contra el Estado. 

24034.jpgUna torre derrumbada por SL. Foto: Caretas

"Mami, la luz", era la frase común cuando venía el apagón. Más que el miedo en sí, a muchos niños nos venía la flojera de ir a comprar a la tienda las clásicas velas para poder alumbrar la casa. Recuerdo que en la bodega, siempre veía a casi todos los chiquillos del barrio haciendo cola para esta compra casi obligada de la semana. Todos salíamos felices con nuestros paquetitos de "Luz deslumbrante" con mecha trenzada "duramas", ya que por ahí aprovechábamos en comprar un chocolate Juguete, un Choco Punch de Winter's o lo que fuera.  

Aquí, el famoso paquetito de velas...

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Una imagen que marcó la segunda mitad de los ochentas...

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Para los que no saben qué es el Choco Punch aquí un comercial:

En casa, el otro ritual venía con las botellas. Todo hogar que se respetara debía tener su depósito de botellas de vidrio de 1 litro, que se convertían en improvisados candelabros para iluminar esas noches oscuras. Solo se colocaba la vela en la boquilla y listo (a veces se ajustaba con un pedazo de papel).

En esas noches de penumbra, muchas familias aprovechaban para conversar, compartir un juego de mesa, escuchar juntos la radio a pilas o simplemente hablar de algunos recuerdos bonitos, como una manera de escapar de la terrible crisis. 

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Siempre listos para el apagón...

2. Parchar las ventanas de la casa.

Era otra manera de sobrevivir al terrorismo. Un cochebomba podía ocurrir en cualquier momento o lugar. De hecho, recuerdo que en junio de 1992, uno estalló al frente de mi colegio, el San Antonio Marianistas del Callao, dejando las ventanas completamente destrozadas por la "onda expansiva" (otra palabrita muy común por esas épocas).

Sin embargo, desde mucho antes, la gente ya se preparaba para cualquier desgracia. Por ello, en casa, las familias protegían las ventanas con masking tape grueso, tal y como hacen ahora las personas que viven en países que sufren huracanes.  

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Se ponía el masking tape en forma de "X" y como cruz. Con ello, se evitaba que los vidrios de las ventanas, producto de la "onda expansiva" de la dinamita, volaran por todas partes, haciendo daño a su paso. El Perú, sin duda, fue pionero en esta forma de prevención. 

 

3. Tenerle miedo a las bolsas y carros estacionados...

El clima de miedo y desconfianza era tal en los ochentas que la gente se volvió paranoica. Producto del terrorismo y las noticias diarias de bombas, secuestros, asesinatos, voladura de torres y más, la gente desconfiaba de todo a su paso y no solo de la gente, sino también de las cosas que había en la calle. ¿Un auto sospechoso al frente de la casa? A llamar a la policía. Lo más común eran las bolsas tiradas en la calle. Y si eran negras, peor aún. Quizás en el 99% de casos, se trataba de una bolsa de basura que un cochino dejaba en medio de la pista para joder. Pero, nunca se sabía. Había que estar siempre prevenido, en estado de alerta permanente.

En mi casa, habremos llamado un par de veces a la Policía por una bolsa sospechosa. Felizmente, nunca pasó nada. De más está decir que la Unidad de Desactivación de Explosivos (UDEX) tenía harta chamba por esos tiempos.

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El eterno temor a los cochebombas... Foto: Caretas

Con el miedo a la vuelta de la esquina, era obvio que los papás no dejaran salir a los chicos a la calle. Y si lo hacían era por unas horas y siempre de día. Había que estar siempre alertas ante cualquier movimiento sospechoso. Y al sonido de los bombazos ¡puuuuum!, a huir a la casa a buscar refugio. Los festejos tuvieron que adaptarse también a la época de terror. Las reuniones de noche eran muy raras. Los cumpleaños tenían que celebrarse de tarde, aunque algunos avezados, con nervios de acero,  hacían sus fiestas bullangueras de noche, sin problemas.  

En tiempos de "toque de queda" (cuando estaba prohibido circular de noche, por orden del gobierno), los fiesteros tenían que encerrarse y quedarse de amanecida en casa celebrando. Salir era un riesgo. Muchos recordarán las famosas fiestas "de toque a toque", heredados de los años setentas y que el gran Rulli Rendo, orquesta y coros, supo aprovechar para producir sus famosos discos toneros. Todo un clásico. 

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Amenizando el tono con Rulli Rendo...

5. Llamar con RIN.

Hoy en día cuando hay una emergencia, es común que la gente agarre su celular y llame o escriba, vía SMS o WhatsApp, a la Policía, el Serenazgo o los Bomberos. Sin embargo, en los ochentas, la comunicación a distancia era un lujo. Sin Internet ni celulares ni teléfono en casa (ya que en esas épocas era casi un lujo tener uno), a la mayoría de personas solo nos quedaba ir al teléfono público (o teléfono "monedero") con los bolsillos cargados de RINES. ¿De qué? ¿Con qué se come eso? El RIN era una monedita gris que emitían Entel Perú y la Compañía Peruana de Teléfonos (CPTSA) y que servía para hablar por teléfono público. No era como ahora, que se mete un sol y listo. Para hablar por teléfono, había que usar RINES no había de otras. Se lanzaron con un valor de 30 centavos de sol, según recuerda la página ARKIV. Lamentablemente, en épocas de crisis, eran muy escasas y se falsificaban mucho. 

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Tan importante eran estas moneditas con ranuras, que algunos comerciantes fabricaban llaveros portaRINES para cargar unas diez unidades. Incluso, era común escuchar a los enamorados decir: "te espero en el RIN de la esquina". 

Este era el famoso llaverito portaRINES:

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6. Tomar leche Enci.

Fue uno de los productos más emblemáticos en estas épocas de crisis. Muchos niños lo odiábamos (me incluyo), su sabor no era el más rico, por lo menos no tanto como el de la leche en tarro Gloria o Nestlé. Pero en época de escasez, no quedaba de otra. Odiaba cuando mi mamá me obligaba a tomar toda la taza de leche Enci (que venía en polvo), y que a duras penas solapeaba poniéndole cucharones de Cocoa Winter's o Milo. Ninguna lágrima podía convencer a las mamás de hacernos tomar la leche que con tanto esfuerzo se conseguía. 

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Hasta tenía llaverito...

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Incluso el famoso Tío Johnny se unió al furor de la leche Enci... aquí una propaganda gracias a ARKIV:240317.jpg

Sin duda, fue el producto de mayor demanda en aquella época. En la tienda, muchos padres se peleaban por comprar los sobres verdes y blancos con la vaquita al medio. Había días en que solo se podía comprar dos bolsas por persona. Recuerdo que una vez, mi padre, no sé cómo, logró conseguir una caja entera de leche Enci, con más de ¡100 sobres! Ese día lloré como nunca L.

Lo cierto es que en épocas de crisis, la creatividad de las personas siempre aflora. En medio de mi sufrimiento (y como una forma de aplacar mi tristeza), mis hermanas preparaban una suerte de leche condensada con este producto en polvo, que les salía tan o más rico que el que vendían en las tiendas (cuando había, claro). Era un tiempo dulce en medio de tantos momentos agrios J.      

 

7. Hacer colas para la comida.

Las crisis económicas traen cola. Y en los ochentas, eran pocas las personas que se libraban de estar en algún momento apretujados y gritando contra los zampones en las filas para comprar alimentos. Era cosa de todos los fines de semana. Los paquetazos y ajustes económicos que anunciaba el gobierno, representaban momentos de zozobra y angustia. Ya todos sabíamos que al día siguiente las tiendas estaban cerradas o escondían su stock de productos, hasta nuevo aviso. Nadie quería vender nada por miedo a la escasez.

La inflación fue el gran "cuco" en los ochentas... hasta los bancos tenían que prepararse para estos ajustes. Aquí un aviso del extinto Banco CCC que ofrecía hasta 901,79% de interés en ahorros, algo impensable el día de hoy:

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Este era el nivel de las colas en esa época... Foto: Caretas

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Si había suerte, algunos comerciantes mayoristas (o los llamados Mercados del Pueblo) abrían sus puertas para abastecer de productos a la gente, pero las colas eran interminables. Había que viajar por toda Lima para conseguir algún saco de arroz o azúcar, lo que sea. Reitero: la supervivencia era cosa del día a día. Y con la inflación todo empeoraba. Lo que hoy te alcanzaba para comprar un mes de alimentos, al día siguiente con las justas servía para comprar un pan o una galleta. Ojalá el Perú nunca vuelva a pasar por una situación similar. No se lo desearía a nadie.

8. Ver al Perú en mundiales.

Aunque eso suene a cacha, era la verdad (con el perdón para las generaciones de hoy). En medio de la crisis, la inflación, el terror y la informalidad, las pocas cosas buenas que pasaban en esos años lo hacían nuestros deportistas. 1982 fue un año clave. Fue el último mundial de fútbol al que clasificó nuestra selección peruana. Si bien era muy niño, recuerdo muy bien la euforia en las calles por ver jugar a Cubillas, Chumpitaz, Oblitas, Uribe, La Rosa, Quiroga, Cueto y otros.  

Nuestros futbolistas eran verdaderas estrellas. Salían en portadas de revistas, álbumes, comerciales, programas, cuadernos y hasta en vinilos, con canciones dedicadas a ellos. Eran nuestros héroes y salvadores entre tanta noticia fea. 

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Y cómo no recordar a nuestra selección de vóley y su hazaña en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. El desempeño notable de nuestras muchachas las convirtió en todo un ejemplo de resistencia... un logo de tenacidad para tantos peruanos que sufríamos con la crisis. Ellas nos hicieron saber que había esperanza y que ninguna tragedia podía vencer a los peruanos.

Provenientes de uno de los países más pobres del planeta (sí, eso era el Perú), nuestras voleibolistas nunca retrocedieron y no se rindieron ni un instante. La medalla de plata de Seúl levantó los ánimos de todas las gentes golpeadas con los paquetazos y los bombazos. No cabe duda que los nombres de Gaby Pérez del Solar, Cecilia Tait, Cenaida Uribe, Natalia Málaga, Rosa García, Denisse Fajardo y Gina Torrealba quedarán grabados en el corazón de todos los millones de peruanos que madrugábamos para verlas jugar.  

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¡Punto para Perú!... Partidos inolvidables. 

Aquí, nuestras matadoras siendo recibidas, a Estadio Nacional lleno, tras su victoria en Seúl... 

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Ah, y no podía olvidarme del gran Man Bob Park, el director técnico de esta irrepetible selección. Como entrenador de la selección de vóley fue subcampeón del Mundial Juvenil de México de 1981, subcampeón del Mundial de Perú 1982 y subcampeón de los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Memorable. Cómo se extrañan esos logros. 

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 El gran Man Bob Park...

Mira aquí el emocionante quinto set del Perú versus Japón en Seúl 88...

Y aquí cuando le ganamos a la poderosa selección de China...

 

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