Sopa le dieron al niño...

Sin comentarios Vade Retro - 22/12/2016 - 7:49 PM

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Cuando tenía cinco años, el terror tenía características bien definidas: barba blanca y larga, un traje rojo de tela brillante, panza prominente y una ridícula gorra con pompón en la punta. No recuerdo bien si era su áspera y fea barba o su incesante risa cachacienta (jo-jo-jo), la que me ponían la piel de gallina. Lo cierto es que en la Navidad, cualquier cosa que se le pareciera me producía pánico y ganas de llorar.  

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Se me viene a la memoria una foto que me tomaron con una cámara Polaroid de la época, sentado en las rodillas de este viejito barbón en la tienda Sears de Plaza San Miguel. Mis ojos llorosos eran la clara muestra de la angustia que muchos niños vivíamos en diciembre, el mes del panetón, el pavo, los regalos envueltos en papel brillante y el "canta, ríe y bebe".

El fondo musical de la Noche Buena no podía ser menos angustiante: el longplay 'Ronda de Navidad' del famoso Coro Infantil del Colegio Manuel Prado de Chiclayo, el soundtrack que acompañaba los meses de diciembre de los álgidos años setentas y ochentas.

Sin Toribianitos ni el Coro de Ángeles de Marita Cabanillas, a los niños de mi generación no nos quedaba otra que escuchar esta "madurada selección de villancicos" (longplax dixit), interpretados "por un grupo de cantores, único en nuestro medio". Los temas clásicos: 'Una pandereta suena', 'Aires de España' y el insoportable 'Alegría, alegría, alegría', con su filosófica frase: "sopa la dieron al niño, no se la quiso comer..." (¿Acaso la sopa no se tomaba?).

Aquí, una muestra de esta primorosa tonada:

Y aquí, mi vinilo de este clásico de la Navidad, que créanlo o no, guardo con mucho cariño...

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Pero lejos de los temores y el hartazgo por la sobredosis de melcochada navideña, diciembre era para mí el mes de los regalos, las sorpresas y las alegrías. Junto a la fiesta de cumpleaños, la Navidad era la efeméride más esperada de los niños en los ochentas y noventas, pues las empresas privadas (la gran mayoría) realizaban agasajos, copiosos almuerzos, shows y entregaban lo que más ansiábamos todos: regalos.

Guardo un lindo recuerdo de una reunión navideña en El Rancho (local ubicado en la cuadra 26 de la Av. Benavides en Miraflores, donde muchos niños celebraban su cumpleaños), con sus autos chocones, los columpios, el clásico trencito y un espectáculo con el gran Cachirulo, cómico mexicano que fue protagonista de los primeros años de la televisión peruana. 

Más referencias sobre Cachirulo en este post de Arkiv.

Al final de la tarde, luego de los respectivos sánguches, golosinas y gaseosas, todos los niños hacíamos una ronda, cargados de nervios y euforia, esperando recibir los ansiados regalos. Esa reunión de fines de los ochenta fue muy especial porque el bolsón que me dieron, tenía casi todos los juguetes que quería.

Era la primera vez que veía a los muñecos Playmobil, los juguetes que Basa fabricaba en los noventas, bajo la licencia de la alemana Brandstater, y que se caracterizaban por sus partes móviles, sus 7,5 cm de alto y su risita buena gente pintada en la cara. Ese año recibí toda la colección Nave Espacial, con los muñecos astronautas y el asistente robot.

Este es mi astronauta amarillo de Playmobil, con su caja original... Estos muñecos venían en unos bloques de plástico que había que deglosar y armar...

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Además, me dieron algunos muñecos de los Thundercats, el sarcófago de Mumm-Ra, una pelota de fútbol, raquetas de bádminton y el alucinante robot dinosaurio Drago de Hude.

Los Thundercats más deseados eran estos, de la empresa japonesa Telepix, fabricados a mitad de los ochentas... Tenían un aparatito con un pin de metal que al hacer contacto con la espalda del muñeco, hacía que se encendieran sus ojos...

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Los Thundercats también tenían su versión más barata, made in Perú... Estos venían con armas, carros, castillos y demás accesorios...

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¿Quiénes conocer al robo Drago de Hude? Mira este comercial que encontré en YouTube...

 

Otros niños recibían robots de todo tipo a pilas (algunos Transformers entre ellos), tanques a batería, al payasito Tilín de Basa (que tenía unos discos que se colocaban en la parte trasera para que hablara y diga frases divertidas), pelotas de baloncesto, soldados, monopolios (ese que tenía a calles peruanas como la Av. Manco Capac o la Av. Arequipa).

Aquí, algunos ejemplos de Transformers...

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Este es mi favorito, es de Bumblebee, fabricado por Hasbro en 1985... Está en su empaque original...

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El payaso Tilín era otro clásico de las Navidades...

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Al igual que los bloques Playgo, los Lego de mi época...

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También se pedía muchos los Android de Hude, unos muñecos de plástico blando, cuyas partes se sacaban y ponían al antojo del dueño... Además, tenían armas y disparaban sus puños... Había tres modelos: Dinox, Gladiator y Herox...

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Las niñas atesoraban con cariño sus muñecas Barbie, Mariana, Panchita Peloncita o Fresita, sus juguetes de Mi Pequeño Pony, o su colección de muñecos Limoncito o los clásicos Chichobelos y los Apachurritos. 

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Mira estas publicidades de venta de juguetes en Monterrey y Scala Gigante, rescatadas por Arkiv:

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Y para ti, ¿cuál es el juguete que más recuerdos te trae de la Navidad?     

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