Lo peor de todo, es que te quiero

Sin comentarios De Copa en Copa - 15/11/2016 - 4:50 PM

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Hola, hincha peruano. Buen día, colega. ¿Qué tal?, hermano de dolor. ¿Ya estás listo para saber cómo quieres sentirte el día que se juegue el último partido de las eliminatorias para Rusia 2018? Ya te imaginaste, eufórico, arrodillado, llorando y dándole gracias a Dios... y a Gareca? ¿Ya alucinaste que él podría ser, quizás, el único argentino en ese mundial? ¿Ya repetiste mil veces los videos del 4 a 1 a Paraguay en Asunción de hace apenas 5 días?  Si lo has hecho, te entiendo, estamos iguales. He sufrido el mismo tipo de delirio.

Lo peor de aquella alegría fue que antes de ella ya todos habíamos tirado la toalla, ya eran escasos los que creían en la selección, ya la muerte se asumía como definitiva y sin marcha atrás. Pero esta victoria ha sido una renovación de la angustia. Aún no sabemos si será como el Mito de Sísifo, y estaremos condenados a ilusionarnos una y mil veces más por un partido ganado y a vernos histéricos, decepcionados, llorosos, tras una nueva derrota que nos devuelva a la realidad cotidiana a la que ya estábamos acostumbrados.  Hoy Perú parece más fuerte, pero nosotros, los hinchas, somos más vulnerables que nunca. Porque aunque Perú nos haya destrozado el corazón un sinnúmero de veces en los últimos años, seguimos pensando que esta vez será diferente, que todo va a cambiar, que ya vendrán tiempos mejores. Porque el fútbol no es como el amor. Es EL amor. Y nosotros, bajo el duro callo de las derrotas, bajo la sombra de Popovic, Oblitas, Markarián, Uribe o Chemo, aún sentimos palpitar una luz. ¿Es nuestra fe, acaso? ¿Es la capacidad innata del jugador peruano? ¿Son los huevos del pasado y del futuro que vamos a meter con todo? ¿Es nuestro "característico toque al ras del suelo"? ¿Es la cábala infalible para que David venza a Goliat? ¿Es el chamán o el pulpo o el cuy que señala nuestra próxima victoria? No lo sé con certeza, pero debe ser algo parecido a todo eso o debe ser todo al mismo tiempo, porque esta noche Perú jugará en un escenario absolutamente inesperado hace un mes: con el Estadio Nacional completamente lleno. Además, a grito pelado, a corazón palpitante, a hincha entusiasta, a niño con sueños y sin callos en la ilusión.

Lo peor de todo del último triunfo peruano es que cualquier noticia considerada humo o falsa esperanza hace unas semanas, hoy es una posibilidad: es la puerta abierta a que nos vuelvan a decepcionar o a que una nueva etapa comience. Lo irónico es que,  mientras los argentinos, con 16 puntos, se sientan casi afuera del mundial, nosotros, con solo 14, sentimos energías y posibilidades renovadas.  Y, entonces, el hincha olvida al cuco que tendrá enfrente. Periodistas y fanáticos empiezan a cantar los mejores temas de su humeante repertorio: "Brasil ya se dio el gusto de ganarle a Argentina, hoy se relaja"; "Los brasileros ya están clasificados, van a jugar tranquilos"; "Guerrero y Cueva les meten miedo, ahora la hacemos" y otros éxitos de Radio Poco Floro. El hincha olvida al cuco que estará enfrente porque tenemos mucho tiempo tristemente acostumbrados a jugar contra nosotros mismos.

La falta de compromiso, la indisciplina, las expulsiones estúpidas, las argollas, los clásicos errores tácticos, la desconcentración eran partidos que jugábamos entre nosotros y que, para colmo, perdíamos siempre. Pero ese fixture interno parece haber sido resuelto por Ricardo Gareca -al menos momentáneamente-, a pesar de algunos errores en la lectura de ciertos momentos del partido o de algunas decisiones demasiado arriesgadas. Hoy, por fin, podremos mirar al rival a los ojos y decirle, "Bueno, tú estás casi clasificado, pero yo también quiero viajar contigo a Rusia".

Lo peor de todo, ahora sí, del 4 a 1 milagroso pero bien trabajado contra Paraguay, es la cantidad de trolls que dedicarán más energías  a sus comentarios negativos tras el partido si perdemos, que a meterle ganas y deseos positivos a una victoria que no es imposible. Esos pobres hombres sin corazón están agazapados detrás de sus laptops esperando la derrota para salir con lo mejor de su repertorio de ponzoña. Pero están equivocados.  Porque hasta los equipos más chicos han logrado grandes hazañas cuando se lo han propuesto. Porque hasta Perú ya eliminó a Brasil de la Copa América anterior, porque Islandia lo hizo con Inglaterra en la Eurocopa, porque el Leicester es el campeón vigente de la Premier league. Porque, como tituló Werner Herzog uno de sus primeros filmes: también los enanos comenzaron pequeños.

Porque Perú, aunque pierda hoy, podría no decepcionar. Paraguay fue una lágrima, Brasil viene con todo. La real medida de lo que somos y cómo estamos, podríamos tenerla al final de esta noche.

Lo peor de todo, Perú, es que te quiero, es que te adoro. Lo peor de todo, colega, compañero, amigo, hincha peruano, es que aunque reneguemos y puteemos todo el resto del año, hoy estaremos con nuestra chela en mano, nuestra expectativa en ristre, nuestros amigos con la fe de ayer y la fe de hoy, todos frente al televisor a las 9.30 de la noche, para comprobar que esa hora sea más peruana que nunca.

¿Ya sabes cómo quieres sentirte el 10 de noviembre del 2017?

Grita hoy durante los 90 minutos. Luego hablamos.

¡Vamos Perú! 

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