Matemáticamente posible nunca más

Sin comentarios De Copa en Copa - 08/10/2015 - 3:13 PM

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Escribo esto la noche previa a nuestro primer partido de Eliminatorias, un torneo largo, incómodo, irregular y extenuante que algunos, por razones comerciales, han optado por llamar Clasificatorias. Hay que aceptar que sí, es optimista y así suena mejor. Aunque la onicofagia -esa muchas veces necesaria manía de comerse las uñas incesantemente- se convierta en la disciplina más practicada mañana, durante los 90 minutos del partido, por los 30 millones de peruanos anónimos que sufriremos viendo cómo juegan al fútbol otros 11 cuyos nombres sabemos casi de memoria.

Nuevamente, por algún inexplicable motivo que seguro terminaré queriendo explicarme a mí mismo -o a quien me lo pregunte, sea inquisidor, troll, caga alucine o un negativo perpetuo- dormiremos ansiosos, viendo las noticias previas al partido, rogando que no se nos lesione nadie más -o que se lesione una estrella del rival, seamos sinceros- , pactando las últimas citas con los amigos para que lleguen a tiempo a comer, comprar las chelas y ver cómodos el encuentro con Colombia, a las 3 y 30 de la tarde en un jueves feriado.  

Nuevamente el rito, la camiseta puesta, la esperanza. Nuevamente soñar con llegar a un Mundial al que no sabemos aún ni para qué iríamos. Nuevamente la original nueva campaña de la cerveza de siempre, la misma gaseosa helada, los mismos amigos con los que gritábamos los Chorrigolazos, pero con más canas y panza. Nuevamente la camiseta y la vincha puestas, el amigo pesimista que siempre tiene razón pero al que callamos. El Himno Nacional a todo volumen, la mano en el pecho. Somos libres, seámoslo siempre.

De nuevo cruzarme en la bodega con Eusebio Acasuzo -que vive en mi barrio- o con Germán Leguía -que, por algún motivo siempre para por aquí- para recordarme que el fútbol que nos clasificó por última vez a España 82 ha pasado hace mucho. Ya engordó, ya peina más canas que mis amigos y acumula en las ojeras muchas clasificaciones perdidas. ¿Cómo queda el partido mañana, señor Acasuzo? "Ah, ojalá que ganemos, vamos a ver", me respondería a la pasada, quizás, si se lo hubiera preguntado. "Ojalá", pienso yo. Quizás, quizás, quizás. Y así pasan los días y yo, ay!, desesperando.

Ya, hablando en serio, de verdad, ¿no nos aburrimos de la misma película de siempre, de la misma rutina de cada 3 o 4 años, de las mismas declaraciones en la previa, del mismo capítulo del Chavo repetido una y otra vez? "Otro gato", me responde alguien. ¿Será por las siete vidas de nuestra fe futbolera?

¿Qué es lo que cambia ahora? ¿Somos realmente iguales o distintos -los que juegan, los que hinchamos, los que dirigen, los que entrenan, los que escribimos sobre esto- a aquellos que estuvieron a punto de ir al Mundial del 86 o del 98, o a aquellos otros que estuvieron bastante más lejos del sueño del 90, del 2002, del 2006 o del 2010?

¿Por qué el fútbol, a pesar de tantas derrotas, no es un deporte olvidado en el Perú? ¿Por qué seguimos hinchando, gritando, discutiéndolo, si siempre llegamos a los partidos finales de la eliminatoria, casi muertos, pensando que es "matemáticamente posible" ir a este Mundial, a un Mundial, por Dios, a cualquier Mundial?

A un día del cumpleaños 75 de John Lennon, solo puedo pensar -citándolo- una cosa: Love is The Answer.

El amor es lo único que tratamos de entender a pesar de ser lo más inexplicable. Estamos entre los últimos del continente en las tres últimas eliminatorias, no nos sobran jugadores en las grandes ligas, no hay formación de futbolistas, trabajo de bases, organización. ¿O creen que el corazón y el talento lo ganan todo? A pesar de eso, seguimos creyendo en el fútbol como lo hacemos en que un político de fama ocasional salve al país. Gitanos. Mitos. Santos. Cábalas. Cruzamos los dedos, rezamos, nos levantamos hoy con el pie derecho. ¿Porque con ese meteremos el gol?

Somos una nación romántica, qué duda cabe. Y como románticos que somos, si lo perdemos en algunos momentos de debilidad, siempre somos capaces de recuperar el amor por nuestra selección. Somos el único país cuyo fútbol coincide con su poesía -solo gracias al gran Luchito Hernández- porque algunos creímos que en ella todo era matemáticamente posible desde que él le escribió a alguien: "Te amo √ -1 Eres un amor Irracional".

Si hasta parecía que ese poema iba dedicado a nuestra selección.

 

Por eso, como diría él, este inicio de eliminatorias va dedicado

a quienes quisieron contemplar el mundo (pensando que por ir a los Mundiales 70, 78 y 82 nos merecíamos ir siempre),

a los prófugos y los físicos puros (como los que creen que "nuestro estilo de toque" nos va a llevar lejos siempre),

a las teorías restringidas y a la generalizada ("somos peruanos y somos buenos" y demás).

A todas las cervezas junto al mar. (Mientras dejen de tomarlas en la concentración).

A los que aman a pesar de su dolor y el dolor que el tiempo hace florecer en el alma.

Por eso, siendo conscientes de que somos menos fuertes y talentosos que la mayoría de las selecciones con las que competimos en esta eliminatoria, teniendo claro que somos espartanos sin 300 ni Esparta ni lanzas ni escudos ni película fantástica, tengamos orgullo. Mostrémoslo, como hinchas, frente al televisor; como jugadores, ustedes, si llegan a leer esto, en la cancha. Déjense de huevadas, de aguantar la patita, de no meter, de calcular, de guardarse. Ninguno de los que vemos los partidos e hinchamos por ustedes guardamos la garganta nunca. Dejen de chupar como idiotas, de meter patada torpemente, cuando lo que se necesitan son huevos y esos, o se ponen en una sartén y se fríen... o se guardan en la congeladora.

Solo sean hinchas, como nosotros, y entenderán todo.

"Esencialmente, quiero que el jugador peruano crea en sus condiciones. Crea que vamos a hacer una selección competitiva. Estoy convencido, y los años de jugador y técnico, me han demostrado en la vida que no hay que temer a nadie.", dice Gareca y, en este momento, no tenemos por qué dudarlo.

Matemáticamente posible nunca más.

Futbolísticamente posible siempre, de aquí en adelante.

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