Ley seca, compra previa

Sin comentarios Con ojos de allá - 09/12/2018 - 8:30 PM

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Durante muchos años, por cuestiones de placer y, también, de trabajo, me vi en la necesidad de viajar por Marruecos y, frecuentemente, coincidía cada año con la celebración del mes de Ramadán, durante el cual los musulmanes tienen prescrito el ayuno mientras haya luz solar.

Ni que decir tiene que había que planificar los viajes, de manera que, la comida importante del día, se programara para después de la puesta de sol, ya que, durante el día, los establecimientos de hostelería permanecían cerrados.

Aún recuerdo la placentera sensación, después de pasarse el viaje con los tentempiés ligeros que llevábamos encima, de sentarse frente a un tazón de rica harira y recuperar fuerzas a base de esa especie de sopa, más bien sancochado, nutritiva y sabrosa, con que los ayunantes recuperan buena parte de las energías gastadas durante la jornada.

Por supuesto que, para los extraños alojados en el país, no rigen las mismas normas, y los hoteles siguen ofreciendo alimentos durante todo el día a sus clientes no musulmanes.

Por supuesto también que, en un país islámico, la venta de alcohol está bastante restringida, y digo bastante, porque, mirando por el interés del foráneo, cualquier extranjero, turista o residente, puede comprar bebidas alcohólicas y consumirlas, siempre y cuando no haga una ostentación excesiva de ello.

Y vengo a contarles esto por la disposición legal peruana de prohibir la venta de bebidas alcohólicas el día anterior a las jornadas electorales, que no sólo priva al peruano de poder comprar una cerveza, sino que condena igualmente al extranjero a pasarse un día sin adquirirlas -no digo consumirlas, sino comprarlas--, ya que es obvio que, conociendo tal disposición, lo normal es que, aquellos que van a votar el día señalado, pueden hacer todo el acopio que deseen con sólo ir al comercio el día anterior al de la prohibición.

Realmente, no entiendo el sentido de una ley tan sencilla de burlar, y pienso que, además, hay otros absurdos intrínsecos en la misma, a saber:

Si, como decíamos antes, el Estado peruano establece que no se venda alcohol el día anterior a unos comicios, está dando a entender que ignora que, ese día, todo ciudadano puede agarrar una inmensa borrachera con tal de haber comprado las bebidas el día antes, y presentarse ante las urnas con la correspondiente resaca, si no es mostrando un nivel de alcoholemia más que elevado.

En segundo lugar, además de privar de la libertad de decidir cuándo se puede comprar una chela o una botella de vino, la existencia de tal normativa está indicando -o así quiere el Estado que sea--, que considera que el peruano es un individuo irresponsable, inmaduro e incapaz de entender que no debe acudir a un colegio electoral a depositar su voto en estado de embriaguez.

Pero hay más.

Sorprende, y mucho, ese arranque de proteccionismo institucional cuyo fin es impedir que el ciudadano ejerza, ebrio, responsabilidad tan alta como es la participación electoral -algo inútil, por cuando ya vimos que sólo se prohíbe comprar, no chupar--. Porque, a ver, si resulta tan importante regular el consumo de cara a esta actividad, ¿por qué razón no se mantiene la ley durante los trescientos sesentaicinco días del año, de manera que todo el peruano que vaya a manejar un auto no lo pueda hacer en estado de embriaguez?

¿Es más importante votar con la mente clara que evitar que docenas de conductores ebrios provoquen accidentes de tránsito con heridos y muertos?

A poco exquisitos que seamos, es fácil deducir que a la ley le interesa el voto acertado, pero le importa poco que el alcohol viaje en la sangre de tanto conductor irresponsable.

Se podría aducir que, los controles de alcoholemia en las carreteras, velan por la seguridad de la ciudadanía, pero todos sabemos que esos controles son casi siempre a toro pasado, es decir, cuando ya ha ocurrido el accidente, y muy pocas veces se establecen de forma preventiva.

Y, si esto se considera una medida eficaz, ¿por qué los agentes de la autoridad presentes en los colegios electorales no impiden votar a quien presente síntomas de embriaguez? Sólo con esa medida se evitaría tener que impedir que millones de habitantes ejerzan su libertad y la capacidad de juicio que les niega el legislador.

Y, al hilo de lo hablado, les cuento que ahora entiendo por qué, el viernes, mis vecinos subían en el ascensor con un cochecito del supermercado lleno de botellas. Imagino que, el domingo en la noche, celebraban un cumpleaños o, simplemente, se disponían a brindar por la victoria electoral.

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