La paz que no es

Sin comentarios Con ojos de allá - 24/08/2018 - 6:54 PM
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No hace mucho, me recriminaban con todo cariño que no suelo escribir sobre la paz, antes al contrario, ya que siempre había una parte de mis escritos que estaban relacionados con la guerra.

Y, puestos a pensar, diría que la Paz es un concepto de algo que se parece al frío, al silencio o a la oscuridad, quiero decir que no existen, porque todos esos fenómenos se producen por la ausencia de su antagónico. Veamos: no existe el frío, ya que no hay nada que lo produzca, sino que es así como llamamos a la ausencia de calor; lo mismo ocurre con el silencio, que es como llamamos a lo que ocurre cuando no hay sonido; la oscuridad, por su parte, es igual, no existe como tal --no hay nada que la produzca--, sino que es la ausencia de la luz en su modo visible.

Así pues, tenemos que la paz es, simplemente, la ausencia de guerras o conflictos; es la idea que tenemos de un estado sociopolítico en el que no se dan enfrentamientos, armados o no. Por lo tanto, puedo estar pidiendo que se acabe la guerra, y entenderse que me esté manifestando a favor de que ocurra la paz.

Pero nada de esto explica el porqué de mi costumbre de desterrar esa palabra de mi léxico, y ahí es donde se encuentra el meollo. Como apasionado de la Historia, después de años de estudiarla y, también, de aplicar sus enseñanzas a las situaciones presentes --que es lo único que produce la Historia, pero que resulta bien interesante y práctico--, puedo afirmar que no ha habido en la historia de la Humanidad ni un solo periodo en el que se haya dado eso que llamamos Paz.

Puede haber etapas concretas, en zonas muy determinadas, en los que haya pasado un tiempo en el que, al no haber guerra, lo denominamos como paz; pero es la situación más rara que se da en el concierto de las naciones, que es esa tontería con la que se quiere describir el mundo y sus tensiones. Puede haber periodos más o menos largos, ya digo, pero que, mientras suceden en una zona más bien reducida, en otra parte del planeta se están matando vivos, con lo cual, si aludimos al concepto Paz como algo general y deseable para toda la Humanidad, debemos concluir pensando en que eso, simplemente, no existe.

Y no existe porque su antítesis es la única forma que el humano conoce de interactuar con los demás: si comienzas por el individuo, verás que lo que llamamos rivalidad, competencia, no es más que una guerra encubierta bajo una capa de sociabilidad.

Si hacemos crecer el entorno, iremos aumentando el número de los que rivalizan o compiten, y, en cuanto llegamos a un grupo medianamente grande, las consecuencias son por supuesto mayores. Podemos ver la cantidad de grupos que ahora mismo están empeñados en hacerles la puñeta al resto del mundo: yihadistas, Hamás, Islam Libre, Al Qaeda... Todos esos no son más que colectividades en los que el único denominador común que les iguala es que son islámicos --hay otros, como ETA, el IRA, etc., sí, pero que apenas si cuentan al compararlos con la ferocidad, la virulencia y el salvajismo de los anteriores--.

Si los grupos están organizados en naciones, las consecuencias son de mayor profundidad y trascendencia, es decir, afectan a un mayor número de individuos. Pero, si nos fijamos en los porqués, y miramos hacia atrás, podremos descubrir que es así como han nacido las culturas, las naciones y las civilizaciones. A nada se hubiese llegado en Europa si Grecia no hubiese ganado las guerras con Persia; o Roma no hubiese sabido imponer su civilización, lo que hizo conquistando y guerreando, así como después la defendió por medio de las armas --por suerte para nosotros--. En Oriente Medio, particularmente, la Historia se pasa siglos hablándonos de guerras --babilonios, caldeos, sumerios, acadios, persas, egipcios..., conflictos y guerras que dejan en ridículo la que, hoy día, hay liada en Siria, Irak y Afganistán, y no hablo de lo de Gaza porque, a pesar del impacto mediático en Occidente --algo muy bien estudiado, por cierto--, no pasa de ser un conflicto local de ámbito reducido (de ahí el interés por hacer que se amplíe y comprometa a más opiniones y áreas--.

África no se escapa, aunque no siempre goza del interés y la atención de quienes nos sirven la actualidad en bandeja con cada noticiario o las portadas de los periódicos. Ahora mismo hay bastantes conflictos grandes y preocupantes: La franja subsahariana está ardiendo por los cuatro costados, entre Chad, Níger y Mali, desde hace una década --sólo que las agencias de noticias ni siquiera hablan de ello más que esporádicamente--; más al sur, el conflicto se eterniza en los antiguos Congo --francés y belga--; en Namibia, no paran de pegar tiros tampoco, y en Somalia y Etiopía no guerrean más porque ya están muertos de hambre casi del todo.

América no está exenta tampoco, si no, ¿cómo llamar a los disturbios en Nicaragua, a la guerra civil que vive Venezuela o a las comarcas peruanas en pie de guerra en lo que se denomina como VRAEM, y donde, quizá imbuidos por la falsedad de los conceptos de los que hablamos, las fuerzas políticas peruanas no actúan con la misma determinación con que lo harían si asumieran que el narcotráfico tiene declarada la guerra a todo el que pretende controlarlo.

Pero es que, además, hasta las religiones, todas, se han extendido en base a la fuerza de la espada, porque el cristianismo no sería nada si no llega a sustentarse en la ideología de las Cruzadas, por ejemplo, ni el islam hubiese conseguido extenderse sólo predicando. Ni el judaísmo se escapa, ya que, aunque en la actualidad no es proselitista, sino reductor, no puede obviar la conquista de la Tierra Prometida a sangre y espada; ni el budismo que, aunque intrínseca religión de paz, ha debido defenderse de la intención ajena de dominarles.

Y, por supuesto, nadie se ocupa de contabilizar la totalidad de las víctimas que se producen en todo el mundo, sino sólo las cuentas parciales de determinados lugares; nadie publica cifras de niños, mujeres y ancianos muertos cada día, porque, entonces, no podríamos ni dormir. Por eso siempre he sostenido que lo de Gaza nos está llegando porque interesa que llegue, igual que los atentados en Siria o Afganistán, porque es una estrategia bien organizada, tanto para despertar pasiones positivas hacia el débil como negativas hacia el fuerte; es tan de diseño de márquetin que aún me sorprende que todos entremos al trapo.

Utopías aparte, si algo bueno ha hecho Occidente es desterrar la guerra lejos de él; pero, eso sí, al precio de tenerlas que organizar cuanto más lejos mejor. Nada ha cambiado desde que el futuro de Roma se fraguaba en las fronteras del Danubio, en los confines de la Galia o en los conflictos dinásticos del Asia cercana.

No obstante, hay quien sigue diciendo, alegremente, que vivimos en paz, que, actualmente, la paz reina en buena parte del globo; pero estamos en paz, ¿con quién? No todas las guerras se libran a golpe de cañonazo o bombardeo de aviación. Otra cosa es que no la queramos valorar como tal; pero, si es real esa paz que dicen, ¿por qué entonces la inmensa mayoría de las naciones cuentan con un ejército más o menos preparado...? ¿para qué? Pues para cuando esa paz se vaya al carajo, lo que puede ocurrir cualquier día de éstos --eso por no hablar de las innumerables misiones de Paz que ahora mismo están activadas, y que se establecen, precisamente, cuando hay guerras--.

Probablemente, lo que ocurre es que no encontramos una definición concreta sobre la paz. Si no se oyen cañonazos, pero te expones a que alguien te raje las tripas cuando caminas por la calle, ya sé que no es guerra, pero no me iréis a decir que eso es vivir en paz. Cuando te levantas cada mañana tratando de imaginar cómo te la va a colar el gobernante de turno, eso tampoco es guerra, pero, ¿es paz? Cuando pones las noticias y te das cuenta de que apenas si hay un rincón del mundo en el que no se estén tirando los trastos a la cabeza, ¿cómo lo llamamos? Me parece que llamar paz a lo que se vive en esta isla diminuta donde estamos los que nos creemos en paz es de un soberano egoísmo rayano en la inconsciencia; porque, que no nos caigan cohetes de Hamás no quiere decir que no estén cayendo, sino que no nos toca a nosotros..., y eso no es Paz, creo yo.

Entonces, ¿qué nos queda, amigos, si hasta las ideologías más modernas --comunismo, socialismo, etc.-- han debido implantarse a base de revoluciones sangrientas y asesinatos en masa?; ¿si Europa occidental pudo acabar con el nazismo a costa de una guerra terrible, y pudo parar el alocado comunismo de la URSS gracias a que se mostró dispuesta a defenderse al precio que fuera?

Quizá nos toque revisar conceptos para poder ver claro que la deseada Paz es poco más que un sueño hecho a base de ignorar la realidad, y eso hasta un punto en que casi podría calificarse de demencial. Y un buen ejemplo sería la cercana celebración del aniversario de los atentados en las ramblas de Barcelona y Cambrils, donde, sin rubor alguno, se pide más protección y más eficacia a los cuerpos de seguridad; pero, ¿cómo habría actuado esa ciudadanía que ahora llora si, como en Francia, el gobierno de España hubiera sacado al ejército a patrullar las calles? Muy sencillo: no asumiendo el riesgo potencial y protestando por la presencia armada en calles por las que transita el falso concepto de que se vive en paz.

Por acabar, reseñar mi humilde conclusión personal, por supuesto, de que la Paz ni existe ni podrá existir; y, por eso mismo, apenas suelo hablar o escribir sobre ella.

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