A quien no te pega

Sin comentarios Con ojos de allá - 24/05/2018 - 5:15 PM

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Seguramente que los que pertenezcan a mi generación recuerdan aquel jueguito tonto y, tal vez por eso, muy divertido del "pégale a quien no te pegue", en medio de las reglas del cual podías soltar sopapos a diestro y siniestro en la tranquila certeza de que nadie te los podía devolver.

Pues bien, también me resulta curioso el empleo de un juego parecido que podemos ver casi a diario en los medios de comunicación, y me refiero al empecinamiento de algunos sectores de opinión sobre las condenas a las actitudes de otros. En realidad, no son las propias actitudes de condena lo que me llaman la atención, sino el objetivo de éstas y las acciones que las suscitan, por ejemplo:

"La plataforma tal o cual condena la actitud beligerante de Israel contra Irán".

Bien.

Lo hace, además, basándose en un concepto de paz y democracia que parece apoyar la legitimidad de la propuesta. Pero, por la misma ley, por esa misma defensa de la paz y la democracia, esa misma plataforma, además de exigirle a Irán lo mismo que al estado de Israel, debería hacer una lista de actitudes que tampoco son acordes con tan elevados conceptos, y montar manifestaciones también.

Ejemplo:

El terrorismo en general -hay que apuntar que, aunque no parece tenerse en cuenta, el terrorismo es también una actitud contra la paz y la democracia--, pero no vemos manifestaciones de protesta, con sus pancartas, sus megáfonos y sus eslóganes, expresándose libremente frente a donde les esperan gente de Hamás, Hezbolá, etc.

Lo que parece destilarse de este razonamiento anterior es que la democracia y la observancia de las reglas de convivencia sólo es exigible a quienes están obligados a su observancia, es decir que esos llamamientos a la paz, apelando a conceptos y actitudes democráticos, sólo tienen validez cuando se dirigen a organismos, instituciones o Estados razonables, sensatos y, como mínimo, coherentes con su potencial.

¿Quién puede imaginar que cualquier grupo terrorista o cualquiera de esos Estados que más parecen cucaracheros vayan a atender los insistentes llamamientos a la paz y a la no violencia?

Conclusiones:

La exigencia de actitudes pacifistas sólo puede ir dirigida hacia los menos belicistas, contra aquellos que, de antemano, se sabe que no van a emprender ninguna acción de represalia sobre los que les exigen detener sus actitudes violentas.

Porque, ¿qué pasaría si una delegación española viajara a la franja de Gaza y se manifestara en pro de la paz en Oriente Medio?

Dejo la respuesta a lo que ustedes quieran imaginar.

Propuesta:

¿Y si, en lugar de tanto pedir verbalmente -bla, bla, bla...-- al único que suele escuchar, se movieran realmente esas plataformas en el sentido de buscar la manera de detener la violencia? ¿Y si realmente los que creen en la paz se plantaran con firmeza entre ambos contendientes y les impidieran continuar con el derramamiento de sangre?

Está establecido por la Historia que este tipo de actitudes sólo puede desarrollarse en un ambiente de democracia y de respeto por los derechos humanos, es decir, que una manifestación por la paz sólo puede llevarse a cabo frente a Estados que respeten a las personas, y no sirven de nada frente a quienes, como respuesta, van a utilizar seguramente sus ametralladoras.

¿Tal vez por eso sólo se protesta ante quien no va a devolver al palo?

Seguramente.

Cada vez que una voz -o un clamor de ellas--se eleva para protestar contra esas actitudes beligerantes, lo va hacer ante la mano que no pega, ante quienes, antes que nada, van a respetar a los que protestan.

Consecuencia:

Cada vez que oímos una de estas quejas, sabemos que van dirigidas, precisamente, a los menos peligrosos, a quienes tienen menos que ver en una actitud de enfrentamiento violento, a los que permiten que la democracia perviva, con la nefasta consecuencia de que, para la mayor parte de la opinión pública, pudiera parecer que los únicos acreedores de las protestas, los únicos que observan una actitud censurable, son, precisamente, los que se dejan censurar.

Recomendación:

Aquéllos que, ante todo, expresan su deseo de defender -y parece que así es-- los elevados objetivos de paz, justicia y democracia, deberían rectificar o, al menos, reorientar su línea de protestas hacia todos los responsables de la longevidad de los conflictos.

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