Tolerancia Intolerable

Sin comentarios Con ojos de allá - 23/06/2017 - 3:43 PM

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Dicen los diccionarios que Tolerancia es la actitud de la persona ante algo que no se quiere o no se puede impedir, haciendo hincapié en que es el respeto por los pensamientos y las acciones de terceros cuando resultan opuestos o distintos a los propios.

En resumen, ser tolerante es aceptar a los demás y a sus opiniones tal y como son, sin el menor reparo. Ahí radica la esencia de la tolerancia.

Pero, ¿alguien sabe de alguna persona educada, respetuosa y razonable pida tolerancia, o mucho menos la exija? No, la tolerancia se pide -en forma de exigencia casi siempre--, por parte de aquellos que saben que su conducta va a suscitar el rechazo de los otros. Nunca una oveja pedirá tolerancia a su pastor; pero siempre el murciélago exigirá que se le tolere chupar sangre porque es su medio de vida.

Es entonces cuando esa legión de tolerantes --que, sobre todas las cosas, desean demostrar que lo son--, anuncian a los cuatro vientos lo tolerantes que son; pero no por el hecho de serlo, sino por adoptar un maquillaje que cuadra bien con la imagen que desean dar de sí mismos, buscando anheladamente rasgos chocantes y hasta denostables con los que mostrarse receptivos y respetuoso.

Aunque, casi siempre, esos tolerantes de salón se muestran muy poco tolerantes si acaso alguien se muestra contrario a su tolerancia. Entonces sí, entonces estallan y señalan con el dedo a aquel que, en su derecho a ser tolerado, exprese su parecer contrario a la tolerancia.

Y como, sinceramente, esta tolerancia de boquilla, de pose fácil, de "mira qué perfecto soy" es lo que probablemente más detesto, he decidido que, a partir de ahora, voy a comportarme de un modo notoriamente intolerante.

Por supuesto que no voy a usar la memez esa de "tolerancia cero", porque es el modo en que esos tolerantes de cartón suelen oponerse a lo que no les gusta y, al no usar la palabra "intolerante", creen que se hacen ver como más tolerantes..., aunque ya hemos visto que es frente a las opiniones contrarias donde hay que demostrar el tamaño de las tragaderas.

Y voy a poner especial cuidado en serlo, porque he descubierto que son los intolerantes los que, tras exigir a grito pelado, más tolerancia consiguen de aquellos que en verdad son tolerantes, claro.

Es un bonito juego ese, que todos conocemos bastante bien. Gente intolerante de cajón en sus hogares, lo primero que hacen es pedir tolerancia para ellos en cuanto traspasan las puertas de la casa ajena, pues dicen que este respeto por lo foráneo es el mejor signo de tolerancia, y los otros van y se lo creen, aunque, cuando llega la hora de la reciprocidad, casi siempre puede comprobarse que el tolerado no muestra el menor signo de tolerancia para quien le toleró.

Esto, que podría ser un galimatías o un juego de palabras, tiene una explicación que, no por conocida -y sufrida--, me gustaría desglosar.

Esta cultura europea y occidental, construida a lo largo de un milenio de enfrentamientos, sangre y penurias, que ha logrado acercarse a la cima de la perfección socio-política, sigue empeñada en pasarse de la raya, y seguir el camino de la Gloria, llegar a ella y trasponerla, caminando siempre hacia el más allá, incapacitada de parar para meditar y reponerse. Y como en muchas cosas ya no caben innovaciones, pulimos la cuestión y nos inventamos lindezas y virtudes inexistentes, pero que los europeos, animados de esa santa cruzada contra la oscuridad y la barbarie, creemos poder hacer realidad.

Aparecen entonces bobadas como la del "tolerancia cero" -todo con tal de no usar el más correcto "intolerante"--, y hasta me estoy preparando para cuando comience a usarse "tolerante y toleranta" para no discriminar por sexos.

En lo social, surge así la tendencia a ser tolerantes aunque el otro no tolere la más mínima; en lo político, la asunción generalizada de que no puede haber nada bueno que no sea de talante progresista y comprometido -y tolerante con el desaguisado más manifiesto--; incluso los conservadores se esfuerzan a diario en no parecerlo con tal de no dejarse ver como ogros trasnochados, que es de donde, precisamente, emana el aspecto anterior de ser tolerantes por encima de todo, de tolerar hasta lo intolerable, de tomar como bueno hasta lo abyecto, de aceptar la negación de los propios principios con tal de no violentar a los que gritan pidiendo tolerancia..

De cara al exterior, la imagen, el cuadro que presenta la enferma -es decir, Europa--, es la viva imagen de la blandura, de la fatuidad de creerse la crema, cuando en realidad es una sociedad tullida incapaz de defenderse de nada, so pena de perder el carácter afable y bondadoso del que gusta hacer gala.

Son varios años ya en esta línea, tantos que buena parte de su población, la más joven, no contempla otro modo de vivir que poniendo en práctica lo que ve en sus mayores, y le abre los brazos a las conductas intolerantes y zafias --sobre todo si son foráneas--, con las que hay que ser tolerantes porque se dice que eso está en la esencia de Europa.

Estos jóvenes van a tardar mucho en darse cuenta de que no todo es tolerable, especialmente las conductas intolerantes, y seguirán el camino de la felicidad que se otorga a quienes no rechistan, ni se oponen, ni exigen, hasta que ya no puedan más y revienten. Por eso, encuentro que obtendré más ventajas si, a partir de ahora y como decía antes, me muestro intolerante, ya que es la única forma de que le respeten a uno.

Y seré intolerante, por supuesto, con todo lo que yo crea que no se debe tolerar, y que dicta el sentido común; pero, además, seré igualmente intolerante con los tolerantes melifluos y blandos que no se cuestionan nada fuera de la tolerancia. Y seré intolerante con aquellos que toleran solo lo que les viene bien y, si alguien discrepa y le mienta a la madre, se quitan la máscara y dejan ver la intolerancia que ha permanecido oculta hasta entonces. A estos, especialmente a estos últimos, "ni mijita", como diría mi abuela.

Así que ya sabéis, hijos míos: es necesario ser un intolerante de tomo y lomo para poder exigir tolerancia, y conseguir que te toleren. Si no, si te pliegas a ser uno de esos bienintencionados tolerantes, corres el riesgo, mejor dicho, ten la total seguridad, de que te verás abocado irremediablemente a aceptarlo todo, especialmente a los intolerantes.

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