Esa costa tan ofrecida

10 comentarios Con ojos de allá - 29/04/2017 - 10:48 PM

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Igual que en el caso de los embalses, otra cosa que desconcierta es que Perú no use la mejor autopista del mundo que la Naturaleza pone a su disposición a lo largo de más de 3.000 kilómetros.

Me estoy refiriendo al MAR.

Sorprende lo que parece el desprecio hacia la que ha sido, desde hace más de 3.000 años, la mejor vía de comunicación de la que se ha servido la Humanidad, con numerosas ventajas a su favor.

Cualquiera que haya vivido en otras localizaciones sabe de la importancia y la funcionalidad de las líneas marítimas: bajo coste, grandes cargas, velocidad constante..., y sin otros problemas de tránsito que los derivados intrínsecamente del manejo de las naves en las proximidades de los puertos de salida y destino.

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Resulta casi incomprensible que, teniendo a disposición de los peruanos un litoral uniforme y rectilíneo, con vientos y corrientes casi siempre constantes, no exista la posibilidad de enlazar las ciudades costeras por medio de ferries o cualquier otro tipo de embarcación, ahorrándole al usuario los interminables kilómetros de carretera -no siempre en buen estado--que actualmente unen el Norte con el Sur.

Por acudir a datos más precisos.

Entre El Callao y Trujillo hay exactamente 486 kilómetros, usando la línea recta que el mar te permite trazar, o, lo que es lo mismo, 262, 4 millas náuticas. Calculando una velocidad de 25 nudos, que viene a ser la usual para ferries de tipo estándar -es decir, no los "fastferries" que alcanzan velocidades casi dos veces más altas--, una familia limeña que saliera a las diez de la noche del puerto de El Callao estaría entrando en Trujillo a las ocho de la mañana, después de haber pasado la noche cómodamente durmiendo en su camarote y con el carro viajando con ellos en la bodega del barco.

Es decir, que se emplearía el mismo tiempo -quizá algo menos-- que, si todo va bien, invertiría esa misma familia al hacer el trayecto por carretera, con la ventaja de que el encargado de manejar llega a su destino sin la fatiga lógica de haberse pasado diez horas manejando. No digamos ya si es el ómnibus el medio de transporte, en el que el pasajero está obligado a permanecer atado a una misma butaca durante todo el itinerario.

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En el barco, en cambio, además de disponer de camas y baño en el camarote, existe la posibilidad de salir a cubierta, pasear, leer, ver televisión, tomarse un café o cenar lo que apetezca, mientras otros se encargan de manejar por ti, convirtiendo el desplazamiento en unas horas de relax y de disfrute, evitándose además el desgaste del vehículo y, también, riesgo de tener un accidente o cualquier otro percance.

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Por los precios en vigor en el resto del mundo, una travesía de esas características rondaría los 200 dólares -para dos personas y el auto--; aunque, calculando el IPC correspondiente al Perú, la misma tarifa debería bajar a los 150, o, lo que es lo mismo, 500 soles.

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Ya sólo la gasolina necesaria para recorrer esa distancia por carretera nos costaría más de la mitad de esa cantidad, sin contar con los demás inconvenientes de cansancio, riesgo y desgaste, con lo que la elección del hipotético viaje por mar se nos muestra realmente ventajosa.

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Si miramos al Sur, ocurre lo mismo, ya que una pareja podría ponerse en Pisco en poco más de tres horas, o llegar a Ilo en de poco menos de una jornada de viaje, situándose en las inmediaciones de la frontera con Chile.

No obstante, no hay que fijarse solo en las grandes distancias, porque un servicio de alta frecuencia y rápido solucionaría muchos problemas a los limeños a la hora de desplazarse en verano al concurrido Sur Chico.

Imagínense que se construye un embarcadero -o dos--, en la costa de Chorrillos o Miraflores, y que se programan cinco o seis salidas diarias de transbordadores rápidos hasta, pongamos, Cerro Azul. En dos horas, o poco más, una familia podría estar en su casa de Asia, con su auto, sin tener que lidiar con la angustiosa, lenta y aburrida salida de Lima, y ahorrándose los cien kilómetros de carretera. Eso si es que no se construyen embarcaderos en la misma Asia, lo que haría que se pudiera incluso prescindir del carro para ir a pasar al fin de semana.

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Siendo como es el Perú un país de emprendedores, suena raro que todavía no haya, no una, sino docenas de empresas navieras encargándose de trasladar personas y vehículos a lo largo de la costa, porque, a pesar de las ventajas económicas para el pasajero, las líneas marítimas suelen ser un negocio muy lucrativo para las empresas, que, apenas seduzcan a sus clientes dando un servicio mínimamente decente, obtienen cuantiosos beneficios.

Sea como fuera, se echa de menos ver el amplio mar peruano frecuentado por barcos navegando frente a esa larga y ofrecida costa por la que, actualmente, solo cabe viajar sometido a la tiranía de un incómodo y anacrónico viaje terrestre.

10 comentarios

Eso es cierto, tambien deberían hacer puertos turísticos, ya que los cruceros llegan al Perú basicamente debido a Machu Picchu y se quedan 2 días, regresan encantados no sólo por Cuzco, también por Lima pero todos se quejan de lo difícil que es salir del puerto.

Excelente idea, ojala sea un bichito que le pique a cualquier inversionista y pronto se haga realidad.:)

Es una idea muy atractiva, pero el precio que se ofrece sigue siendo muy caro para lo que gana un peruano. Si bajan el precio aun mas el negocio seria exitoso, tal vez con barcos mas ahorrativos. Habría que realizar un buen estudio de mercardo segun las clases economicas para determinar si es viable el proyecto.

Excelente idea!!

Es muy importante su artículo y lo suscribo totalmente, que algún inversionista visionario se atreva a asumir el riesgo

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