Django: Sangre de mi Sangre

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 30/01/2018 - 1:03 PM

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Estrenada en 2002, Django: La Otra Cara de Ricardo Velásquez es un policial hoy recordado más que nada por sus momentos eróticos; la famosa "escena de la azotea" fue símbolo de la juventud de más de uno. Fuera de eso, era una película sin mayor brillo que no supo aprovechar la historia del famoso ladrón de bancos, hoy convertido en predicador.

16 años después, el director Aldo Salvini retoma la historia de Django, desechando no sólo cualquier conexión a la realidad sino también el estilo plano y casi telenovelesco de su antecesora, cambiándolo por un ojo mucho más cinematográfico.

Convertido en una leyenda viva, Django, alias Oswaldo González (Giovanni Ciccia retoma el papel mucho más maduro y curtido) sale de la cárcel con un solo propósito: redimirse de su pasado violento y reconectar con su familia, en especial su hijo mayor, Montana (un muy sólido Emanuel Soriano resalta como un peligroso matón que debajo de su bravuconería, es sólo un niño inseguro y abandonado), quien forma parte de la banda de Fredy Marquina (Aldo Miyashiro haciendo de sí mismo, pero en este caso le sienta muy bien al personaje), un mafioso local. Al tratar de salvar a su hijo de las malas juntas, Django pide ayuda a su ex socia y amante, la Chica Dinamita (Melania Urbina trae energía a un breve cameo que más que nada sirve para recordar los momentos más candentes de la primera parte).

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En su historia de redención y Django siendo arrastrado de nuevo a la vida criminal que quiere dejar atrás, el filme recuerda más de una vez a Atrapado por su Pasado de Brian De Palma, con el personaje de Al Pacino en una encrucijada similar. Pero Sangre de mi Sangre logra tener su propia identidad y carácter, rudo, muy limeño y muy criollo, en el buen sentido de la palabra.

Salvini nos sumerge de lleno en este submundo criminal, uno retratado con realismo pero también con algo de ficción (este es un mundo donde la policía es competente y hace su trabajo), poblado por un variopinto grupo de hampones y demás fauna del mundo criminal. Si bien puede resultar una distracción ver a tanta cara conocida, lo cierto es que todos se sumergen de lleno en sus papeles (sólo Sergio Galliani, como el rudo policía, se siente poco utilizado), dándole al film una atmósfera cercana al mejor cine Serie B, ese que se alimenta de fuentes que van desde la novela policíaca hasta el cómic y que exagera los típicos códigos del género con actitud y estilo.

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Con el cine comercial peruano volcado casi de lleno a hacer películas de corte familiar, inofensivas y que no ofendan a nadie, algo como Django: Sangre de mi Sangre resulta refrescante, un film al que no le interesa ser para todo público y por ende no traiciona a su género. Salvini lleva a buen puerto esta secuela que, a diferencia de tantas otras  (tanto de Perú como del resto del mundo), sí tiene una razón de ser y que cuenta su historia a través de acción, humor y erotismo.

Django: Sangre de mi Sangre se encuentra en cartelera.

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