Bright: Los Ángeles de Fantasía

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 26/12/2017 - 2:21 PM

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Desde su guión para Día de Entrenamiento (2001), quedó claro que el director David Ayer sigue siempre la misma línea: rudas historias policiales ambientadas en el hervidero multicultural que es Los Ángeles, examinando los códigos de masculinidad entre sus protagonistas - véase Harsh Times (2005) y End of Watch (2012) como muestra. Trasladó estos mismos elementos a los campos de batalla de la II Guerra Mundial en Corazones de Hierro (2014) y salvo su desafortunado intento de cine de superhéroes con la olvidableEscuadrón Suicida (2016) se ha mantenido en esta misma línea.

Bright, primera superproducción de Netflix, es su regreso a las convulsionadas y crudas calles de la Ciudad de Ángeles, pero con un giro: estamos en un mundo donde los seres humanos conviven con criaturas de fantasía como orcos, hadas, centauros y elfos. Es Día de Entrenamiento via una novela de Tolkien. El oficial Daryl Ward (Will Smith, cuyo carisma es capaz de salvar roles que son anodinos sobre el papel) hace dupla con el orco Nick Jakoby (el australiano Joel Edgerton, irreconocible debajo de toneladas de maquillaje y látex) para una aventura que involucra a pandillas y varitas mágicas.

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En este mundo, los orcos son los menospreciados de la sociedad, mientras que los elfos son el ricachón 1% que maneja todo; los humanos son la resentida clase media que debe compartir espacio con otras especies. No hay que esforzarse mucho para ver un velado comentario social/racial acerca de nuestra propia realidad, una metáfora obvia aunque no por eso menos apropiada, en especial en una ciudad tan culturalmente diversa como Los Ángeles, que tiene un largo historial de protestas raciales y maltrato policial/social hacia minorías; la película incluso encuentra la manera de hacer referencia al famoso caso Rampart de los 90s, que destapó toda una red de corrupción policíaca. En este mundo, las criaturas de fantasía representan a las minorías de hoy.

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Esta metáfora no es para nada sutil, pero se entiende su inclusión; aun así, Ayer y el guionista Max Landis no hacen mucho más con ella que relegarla a un segundo plano a favor de una cinta de acción estilo buddy movie, la de la pareja dispareja que aprende a respetarse (y aguantarse), fórmula inagotable desde 48 Horas (1982) de Walter Hill. El mundo de fantasía planteado aquí merece explorarse (la convivencia con otros seres a lo largo de 2000 años tiene mucho potencial); esto es apenas una introducción, algo que bien podría expandirse en una serie de televisión, por dar un ejemplo. Al limitar la historia a un solo día - uno de los tantos guiños a Día de Entrenamiento, la cual ha servido de obvia inspiración - sólo vemos lo justo y necesario, lo que deja con gusto a más.

Bright se sostiene en su inusual concepto, en sus dos actores principales y en sus toques de acción; pero queda la sensación de que pudo haber sido mucho más. Cumple con entretener y a la larga, no es ni mejor ni peor que el blockbuster hollywoodense promedio.

Bright está disponible en Netflix.

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