Baby Driver: El Musical del Crimen

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 15/08/2017 - 2:25 PM

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Luego de cuatro películas, el inglés Edgar Wright se perfila como uno de los realizadores más interesantes del cine contemporáneo. Con un estilo enérgico, un buen sentido del absurdo y amplias dosis de un humor seco y sarcástico - como todo buen inglés - Wright le ha dado una refrescante vuelta de tuerca a géneros que ya estaban un poco manoseados: las películas de zombies en Shaun of The Dead (2004); los policiales y el cine de acción en Hot Fuzz (2007) - con más de una afectuosa burla a Michael Bay, el pirotécnico rey de los excesos - y las historias de invasores alienígenas estilo Los Usurpadores de Cuerpos en The World's End (2013). En medio de esto nos entregó Scott Pilgrim vs. The World, cinta nerd por excelencia que le rinde culto a los videojuegos, el indie rock, los cómics, el hipsterismo y la cultura pop en general.

Ahora, Wright adapta su particular sensibilidad a un filme de criminales; no es tan absurda como sus anteriores trabajos - ni siquiera es una comedia, precisamente - pero es a todas luces un film de Wright. Baby Driver (El Aprendiz del Crimen en español) es una evolución de su particular estilo, a estas alturas fácilmente reconocible.

La historia es típica de estos filmes, la del criminal que quiere escapar de la mala vida pero que antes debe realizar un último trabajo. El hampón en este caso es Baby (Ansel Elgort), conductor profesional que sólo desea empezar una nueva vida junto a Debora (Lily James), una mesera que le ha robado el corazón. Pero antes, debe lidiar con los criminales que lo rodean: su intimidante jefe - nadie mejor que Kevin Spacey para mezclar la autoridad con un ligero desdén a todo lo que le rodea - una pareja de réprobos interpretados por Jon Hamm y la exuberante actriz mexicana Eiza González y un intenso Jamie Foxx como el impredecible psicópata de la pandilla. Todos estarían cómodos en ese subgénero de "ladrones con onda" que ha sido popularizado por directores como Quentin Tarantino y Guy Ritchie, pero Wright hace las cosas a su manera.

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Además de ser un as al volante digno de juntarse con Dom Toretto y compañía, Baby sufre de tinnitus en los oídos, por lo que siempre anda con audífonos, moviéndose y manejando a su propio ritmo. Así, Wright se da maña para coreografiar todas las acciones - desde una persecución en auto a una simple caminata a comprar café - al son de una banda sonora de rock, pop, soul, funk y hip-hop que se nota ha sido cuidadosamente seleccionada. Así, elementos que serían de rutina en otro filme - un sinfín de balaceras y choques vehiculares - aquí cobran nueva vida. El contenido es historia conocida, pero la presentación es algo totalmente novedoso.

Esta película es muchas cosas: cinta de acción, comedia, una tierna historia de amor entre dos jóvenes soñadores, un musical rocanrolero cuyas canciones son tan vitales como sus imágenes. Y al centro de todo está Edgar Wright como el conductor que hace que todos los elementos de esta particular orquesta trabajen en perfecta armonía. Derrochando estilo y cool por todos lados, Baby Driver es contagiosamente divertida; es casi imposible no querer mover los pies siguiendo su mismo ritmo. La película perfecta para todos aquellos que tienen una banda sonora en la cabeza para cada momento de su vida, los que andan por la calle con audífonos bailando y cantando sin importarles las extrañadas miradas de los demás; Edgar Wright los entiende.

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Baby Driver está en cartelera.

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