Okja: La Niña y su Súper Cerdo

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 04/07/2017 - 12:09 PM

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The Host, estrenada en nuestra cartelera en el lejano 2008, llamó la atención no sólo por tratarse de una de las pocas cintas coreanas en llegar a salas peruanas (si hay alguna región en el mundo pobremente representada en cines nacionales, es la asiática), sino por su singular propuesta: una cinta de monstruos que además era un drama sobre una familia disfuncional y una comedia absurda.

Esta mezcla de géneros no es nada nuevo para su director, Bong Joon-ho, que en los últimos años, junto a realizadores como Park Chan-wook y Kim Jee-woon, ha hecho del cine coreano uno de los más interesantes en el mundo. Luego de Mother (2009), historia de detectives mezclada con drama y Snowpiercer (2013), una crítica social escondida en un relato de acción futurista, Bong está de vuelta con Okja - ya no en cines, sino en Netflix - y su particular estilo sigue intacto.

Okja es un "súper cerdo", un animal genéticamente creado que vive en las montañas de Corea junto a la pequeña Mija (Ahn Seo-hyun). Es una historia acerca de una niña y su amistad con una criatura, al mejor estilo de E.T. y el pequeño Elliot en el clásico de Spielberg. Pero Bong hace las cosas de manera distinta. Okja es más que un animal; es propiedad de la todopoderosa Corporación Mirando, parte de una dudosa campaña alimenticia a nivel global. Y la empresa quiere recuperar su objeto de valor.

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Okja es muchas cosas a la vez. Una aguda crítica a un mundo consumista y dominado por grandes corporaciones; un jalón de orejas a la industria alimenticia y sus malas prácticas, vendiendo el cuento de ser saludables al público mientras sólo piensan en sus ingresos (basta con ver el reciente escándalo de Gloria, más que oportuno). Es una comedia absurda, un mensaje en defensa de los derechos de los animales y hasta un manifiesto a favor del veganismo; Bong tiene muchas cosas que decir y algunas están mejor expresadas que otras.

El corazón de la película se mantiene dónde debe estar: en la amistad entre la pequeña Mija y Okja, que es casi como un perrito (cualquiera que tenga una mascota se puede identificar con el lazo que une a ambos). Una relación retratada con madurez y de manera sutil, en contraste con un reparto que en su mayoría parece interpretar la visión de Bong como una comedia de enredos cercana a la caricatura; es difícil explicar lo que un chirriante Jake Gyllenhaal, en el papel de un casi psicópata anfitrión televisivo, quería lograr, pero es casi seguro que alguna sustancia psicotrópica tuvo que ver con el resultado. Todo es secundario frente a su ganadora dupla principal, con la cual es fácil emocionarse un poco.

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Aún con esto, Okja no es precisamente una cinta familiar (algunas chocantes imágenes son suficientes para convencer a uno de no comer carne nunca más). Cinta de aventuras, drama, sátira; es inclasificable. Pero tratándose de Bong Joon-ho, no podía ser de otra forma y Netflix le ha dado libertad de las presiones de la industria y los grandes estudios. No es para todos los gustos y no siempre funciona, pero es una buena muestra de porqué el cine coreano se ha ganado su justa fama.

 

Okja está disponible en Netflix.

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