Logan: La Despedida de Wolverine

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 07/03/2017 - 12:34 PM

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Los X-Men, los mutantes creados por Marvel, aparecieron por primera vez en el cine en 2000, de la mano de Bryan Singer. Desde el primer minuto, Wolverine, el tipo del esqueleto de metal, las afiladas garras, el poder de sanar de cualquier herida y las patillas que dejarían chico a Elvis Presley se alzó como el personaje más popular de todos. A lo largo de dos secuelas, dos spinoffs, una precuela/reboot y sus dos correspondientes entregas - siete películas en total - esto no cambió y estos filmes se convirtieron, en mayor o menor medida, en variaciones de "Wolverine y sus Amigos".

La popularidad del personaje, que irónicamente en los cómics es huraño, malgeniado e incapaz de llevarse bien con la mayoría de la gente, se debió en gran parte al australiano Hugh Jackman, quien saltó a la fama como el irascible mutante de las garras a pesar de no parecerse en nada al original, famoso por ser enano y peludo. Jackman encontró la humanidad en este personaje y lo hizo completamente suyo; resulta difícil ver a otra persona en el papel.

Ahora, Jackman se despide de su personaje emblema con Logan, una despedida que además sirve de cierre para las aventuras de los mutantes, que de seguro tendrán un sinfín de secuelas más aún si este sirve como un digno final luego de 17 años.

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En el futuro cercano, los mutantes están casi extintos: Logan, más viejo, con poderes fallidos y sabiendo que el final está cerca, vive una vida anónima en la frontera entre EE.UU y México, cuidando de un Profesor X senil y agobiado por ataques psíquicos. Pero el mutante solitario encontrará un nuevo motor de vida en Laura (la española Dafne Keen), una niña que lleva su ADN, comparte sus poderes y es propensa a los mismos ataques de rabia de su padre. Perseguidos por un grupo de mercenarios - villanos poco efectivos a quienes Wolverine podría eliminar en cuestión de segundos - esta "familia" parte en un viaje hacia un supuesto "oasis" de mutantes.

Ante todo, Logan es un drama contemplativo, pero uno donde el personaje principal de cuando en cuando asesina gráficamente a alguien. De ser prácticamente inmortal, Wolverine ahora se enfrenta al paso del tiempo y a su propia mortalidad y la película trata esto con la seriedad que se merece. A ratos no parece una película basada en un cómic y esto se debe a que, a diferencia de algunas de sus antecesoras, no es una mera excusa para forzar apariciones de cuanto personaje pueda existir.

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Aquí Logan es un hombre dañado, resignado a su suerte tras haber vivido mucho más de lo que debería una persona normal e intentando que su vida tenga algún significado, a través de su relación con la niña. No es una historia de heroísmos ni de grandes hazañas, aunque cuotas de acción no le faltan: a diferencia de otras cintas en este género, esta no ha sido hecha pensando en un público adolescente, por lo que no era necesario suavizar contenidos. Una vez que Logan pierde los estribos, sus garras arrasan con todo a su paso y para los que han esperado verlas en toda su grotesca y ultraviolenta gloria, el resultado no decepciona, aunque el liberal uso de palabrotas sí resulta bastante gratuito.

Logan es una película madura, aunque no escapa del todo a la fantasía de su género; de ahí a que las comparaciones con El Caballero Oscuro de Christopher Nolan - que era en esencia un duro y realista policial donde daba la casualidad que todos usaban disfraz - resulten algo exageradas. Lo que sí es, es una mezcla de road movie con western y una prueba de lo mejor que puede dar este género cuando decide tratarse sobre más que personas con superpoderes agarrándose a golpes. Una digna despedida para un gran personaje y el buen actor que lo interpreta.

 

Logan se encuentra actualmente en cartelera.

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