La La Land: Oda al Musical

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 17/01/2017 - 10:30 AM

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Mia (Emma Stone) y Sebastian (Ryan Gosling) son como tantos otros jóvenes en Los Ángeles, dos soñadores que intentan hacer realidad sus fantasías: ella es una aspirante a actriz trabajando en una cafetería mientras espera ese gran papel que la llevará al estrellato y él es un pianista, amante del jazz y que sólo quiere tener su propio bar donde poder tocar la música que le gusta.  Todo en base al baile y al canto.

La La Land de Damien Chazelle es un musical, un género que en Hollywood se ve cada vez menos (mientras que en Bollywood son prácticamente el soporte de una industria entera); es un tributo a los filmes de antaño protagonizados por figuras como Gene Kelly o Fred Astaire, que bien pudieron haber trabajado en un proyecto así si se hubiese realizado cincuenta años antes. Chazelle claramente siente nostalgia por los musicales que llegaron a representar la llamada Época Dorada de Hollywood y esta devoción es aparente, al igual que su obvia pasión por el jazz, que ya se dejo entrever en su anterior Whiplash.

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Es la típica historia de chico-conoce-chica, que funciona gracias a los carismáticos (e insoportablemente fotogénicos) Gosling y Stone. Esta es una película que nos da el sencillo placer de ver a dos personas enamoradas en pantalla y viviendo su relación; algo raro cuando Hollywood sólo acostumbra mostrar el antes y el después de sus historias de amor y casi siempre con cuotas de cinismo. La química entre sus dos estrellas es innegable, interpretando a dos personas que intentan mantenerse fieles a sus ideales en una ciudad conocida por el artificio.

Como todo buen musical, La La Land es una fantasía, pero hasta cierto punto; Mia y Sebastian son soñadores, pero a veces, para cumplir metas, uno tiene que hacer sacrificios, aunque duelan. No podía ser de otra manera en este caso. Detrás de las pegajosas canciones y las imágenes de Gosling bailando tap sobre una banca, Chazelle intenta ser realista, dándonos unas imágenes finales perfectas, aunque inesperadas para los que se esperan el típico final feliz.

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No se puede negar el esfuerzo del director en recrear un género que a veces no cuaja en una actualidad donde el espectador promedio se ha vuelto más cínico y resistente a la fantasía; esta es una película anticuada a propósito, destilando nostalgia por el Hollywood más clásico de la misma manera que Sebastian es un purista del jazz más tradicional.  Es una historia que hemos visto mil veces antes, pero que resulta irresistible; después de todo, a todos nos gusta soñar un poco.

 

La La Land se estrena este jueves 19 de enero.

 

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