Rápidos y Furiosos 7: El adiós de Paul Walker

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 07/04/2015 - 10:19 AM

Paul Walker fue un actor cuyos mejores momentos aún estaban por venir. Desde sus inicios, se le intentó encasillar como un galán, otra cara bonita más que adornaba las pantallas con una sonrisa. Ciertamente, eso parecía al principio, aún como el policía Brian O'Conner en la saga de Rápidos y Furiosos, el papel que lo inmortalizó. Walker, sin embargo, logró suplir cualquier carencia actoral con bastante carisma natural; sencillamente, era un tipo que resultaba simpático en pantalla.

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Poco a poco, Walker estaba mostrando dotes actorales que lo estaban poniendo por encima de la estrella juvenil promedio. Ahí están como muestra Joey Gazelle en la subvalorada Running Scared de Wayne Kramer, un aprendiz de matón que debe pasar una noche de pesadilla al querer deshacerse de un arma homicida; o un padre viudo intentando mantener a su hija recién nacida con vida en medio del Huracán Katrina en Horas Desesperadas de Eric Heisserer, donde Walker asumió el reto de ser la única persona en pantalla por buena parte del metraje, un desafío del que salió bien librado. Papeles como estos daban a entender que Walker tenía mucho más que ofrecer que una brillante sonrisa; una promesa que desafortunadamente quedó trunca tras su inesperada muerte en el 2013.

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La séptima entrega de Rápidos y Furiosos es el último filme de Walker; y como tal, además de ser un ejercicio de acción desenfrenada, es un emotivo y sencillo tributo de todo el equipo realizador al actor. Es este sentimiento lo que la pone por encima de la cinta de acción promedio, aunque tampoco carece de adrenalina.

Muchos no esperaban que una modesta película con actores desconocidos, hecha para el deleite de los amantes de los fierros, se convirtiera en una saga de largo aliento donde las leyes de la gravedad no se aplican. Dom Toretto y compañía se han vuelto estrellas indiscutibles del género.

En esta ocasión, una venganza enfrenta a Vin Diesel y el resto del reparto a un rudo Jason Statham, otra figura acostumbrada a repartir patadas y puñetazos. Esto da paso a una serie de proezas tan increíbles que resulta raro que todos los personajes no lleven capas. Si en la entrega anterior vimos vehículos capaces de frenar un tanque y estrellar un avión, esta decide ir más allá; uno llega a creer que los autos sí pueden volar.

Estas películas nunca han tenido mayores pretensiones que entretener y en este caso, a pesar de una duración de más de dos horas, esta cumple con creces. James Wan, una promesa del cine del terror con las eficaces El Juego del Miedo e Insidious, adapta su vertiginoso estilo a una cinta de acción y parece revitalizar a la saga. Es una inyección de adrenalina que no da respiro y el tipo de cinta que la mediocre Los Indestructibles de Stallone debió ser. Parece que los rudos ochenteros finalmente han dado paso a una nueva generación.

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En medio de la alta velocidad y las peleas, lo que perdura es la presencia de Walker. Sus escenas fueron terminadas usando dobles, efectos digitales y a sus propios hermanos y el cambio no resulta aparente. Es un digno y respetuoso adiós al actor.

Mientras tanto, la pregunta no es si la serie continuará, sino cuando se hará la octava parte. Porque casi sin quererlo, Rápidos y Furiosos se ha vuelto una saga indispensable para las nuevas generaciones y lo más probable es que a Toretto y su pandilla aún les quedan muchos caminos por recorrer.

Rápido y Furioso 7 se encuentra actualmente en nuestra cartelera.

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