Asu Mare 2: de aspiración modesta

Sin comentarios Cinéfilo de Martes - 14/04/2015 - 10:09 AM

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Asu Mare, basada en el unipersonal de Carlos Alcántara, marcó un antes y un después en el cine peruano. Querida y odiada por partes iguales, se convirtió en un fenómeno de masas, dándole al cine nacional el más grande éxito de taquilla de su historia y abriendo las puertas a una ola de películas de corte comercial que parece no detenerse aún. Los pros y los contras de esta situación para nuestro cine es tema de otro artículo; lo cierto es que, con tremendo éxito, una secuela era inevitable y dos años después, aquí estamos.

Aquí Alcántara no se apoya en su unipersonal para construir la historia. Si bien la relación entre Cachín y Emilia (Emilia Drago) dice estar basada en la relación del cómico con su esposa, lo cierto es que estamos frente a una fórmula conocida, la de la comedia romántica; y cualquiera que haya visto más de una sabe en que va a terminar todo. Es un relato conocido: la pareja de mundos diferentes - él, el humilde chico del barrio de Mirones y ella, chica inocente de familia bien de La Planicie - enfrenta obstáculos camino al amor, entre ellos el infaltable rival romántico de turno.

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Es aquí donde la película revela su arma secreta: un inspirado Christian Meier como Ricky, aquel típico atorrante que de seguro todos habremos conocido (y al que habremos querido golpear) alguna vez. Meier estaba ausente de nuestras pantallas desde Un Marciano Llamado Deseo, un esperpento que es mejor no recordar; el actor aprovecha su retorno para burlarse de su propia imagen de galán y divertirse a lo grande. Con sus poses afectadas y bronceado barato, Ricky es una parodia llevada al extremo que se roba escenas.

Al estar ambientada en los 90s, más de una referencia trae recuerdos: ahí están los Torbellino, Pataclaun, las telenovelas de Iguana, el salsero Jerry Rivera, hasta el teléfono con candado. Pero no pasan de ser guiños; lo cierto es que, al tratarse de una fórmula, esta es una historia que pudo haber sido ambientada en cualquier época y sería a grandes rasgos igual. La nostalgia aparente en su antecesora aquí es disminuida.

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Toda comedia trabaja con estereotipos y esta no se queda atrás: desde los estirados "pitucos" que viven en una burbuja, hasta los amigotes de barrio, bocaflojas pero de buen corazón, todo aquí es una exageración. Pero Asu Mare no es la primera comedia en echar mano de los clichés para generar humor y tampoco será la última. Es mejor verla como ajena a la realidad, una fantasía de final feliz. Es poco probable que su intención sea hacer una crítica social; sería darle demasiado crédito a una película que no quiere, ni debe, apuntar tan alto.

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Al final, el resultado de esta película depende del sentido del humor de cada uno. La comedia es subjetiva y lo que puede hacer llorar de risa a alguien no le hará ni cosquillas a la persona de al lado. Asu Mare es ligera e inofensiva, para reírse un rato y recordar algún que otro buen chiste más adelante. Y dentro de esas aspiraciones, es cumplidora.

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